Dos Corazones Rotos

Julio de 2016

 

DOS CORAZONES ROTOS

Tengo la teoría que cuando dos personas con el corazón herido se encuentran, sucede una reacción poco común; ésta es la de una conexión difícil de explicar y probablemente una química aún más compleja de entender.

Si ambos corazones están en un punto en el que acaban de terminar una relación que no estaban dispuestos o no querían que terminara, sus corazones más allá de estar ocupados, se encuentran aún con esa necesidad de estar con una pareja. Sus corazones, están aún amando , ¿a quién?, eso no es relevante; sino la necesidad de querer.

Ya que se encuentran el uno al otro, empatan rápidamente, pareciera que sus corazones retoman justo donde se quedó su rumbo, solo que con una persona distinta.

Tengamos cuidado, esto no es amor a primera vista, es la necesidad del ser humano de cerrar ciclos. Lo que este par de corazones necesita, es ese periodo de enfriamiento y distanciamiento que uno requiere para poder asimilar de nuevo la realidad que tanto nos aterra; estamos solos.

Pedir que tengan cuidad es difícil, ya que donde gobierna el corazón, no gobierna la razón . El corazón, como dictador que es; cuando se encuentra al mando, no escucha opiniones contrarias a la suya, aún cuando sabe que a veces y muy a menudo, se equivoca.

Dejémoslo gobernar, si al final de cuentas no hay dictadura que dure para siempre, ni corazón que no sane.

¿A qué viene todo lo anterior?; sencillo, me encuentro en esa situación. Tengo el corazón roto. No sé si está roto por mi última relación o roto por las continuas decepciones en el campo de batalla que se bautiza con el nombre de Amor. Me encontré, esta vez no por coincidencia, con un hombre con quien siento una conexión y confianza impresionante. Pero no puedo dejar de pensar, si dicha conexión es nuestra o la de nuestros corazones rotos buscando la forma de poder estar solos de nuevo.

Es tal la confianza entre ambos, que me es imposible no empoderar a ese dictador, casi tirano, que es mi corazón.

“¡Maldito corazón!”, pienso todo el tiempo. Lo maldigo por nublar mi razón, lo maldigo por no aprender del pasado, lo maldigo por entregar mi soberanía; tan fácil, tan rápido.

No puedo dejar de preguntarme, si debemos someternos cuantas veces sea necesario, a semejante dictadura que es amar, hasta lograr encontrar a quien amar y que nos ame de igual forma.

A caso debe nuestra razón ceder su supuesto mando cada que el corazón quiere tomar el control. Si, si y de nuevo, si. Hay que ceder el poder al corazón, no debemos tener miedo.

Seamos intensos, estemos siempre dispuestos a contestar un mensaje, no hay que jugar a hacernos los difíciles, no hay que cansarnos de invitar a salir al que nos gusta, no hay que dejar un “te quiero” guardado en la boca, estemos disponibles, no hay razón para agotarse.

No seamos ese hombre que por orgullo o egoísmo, dejó pasar al amor de su vida; seamos el que amó mil veces, y al final, encontró lo que buscaba.

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